El sacacorchos: una herramienta que abre más que una botella.


Desde que somos pequeños, se nos enseña a como mover nuestro cuerpo, con una coordinación entre nuestro cerebro y nuestro cuerpo, primero empezamos a gatear, luego nos levantan del suelo suspendidos sobre nuestras dos piernas, empezamos a coger equilibro y damos nuestros primeros pasos, más tarde aprendemos a desenvolvernos con los objetos que nos rodean.
Cuando somos pequeños, llegados a cierta edad nos parece que ya lo tenemos todo controlado y que sabemos utilizar cualquier objeto, un cuchillo es un objeto fácil, como coger un lápiz y empezar a escribir, a pesar de esto, no vemos el peligro que le invade a un mango y un filo.
Pasa el tiempo, y entonces ocurre.

Tengo el objeto sobre la palma de mi mano, es frío al tacto, así posado, su forma me recuerda a un loro. Tiene un mango negro de plástico que se acomoda en mi palma. Hay un color gris en su superficie que me llama la atención, cuando lo abro tiene forma de sierra, tiene pinta de que esto debe de cortar y si sigo abriendo me encuentro una pieza que en su interior guarda una espiral terminada en punta, servirá para punzar. Si empiezo a jugar, abriendo y cerrándolo hace unos pequeños ruidos, como unos “clics” aunque hay piezas que son insonoras. Hago movimientos bruscos con la muñeca hacia un lado y hacia el otro y abro una solapa metálica, parece que tiene que salir desprendida pero simplemente se abre y se cierra.
No lo entiendo, pues a mi alrededor abren botellas de vino mientras hablan y ríen, no prestan atención al objeto que utilizan, no parece peligroso a pesar de que una herramienta tan pequeña tenga varios mecanismos y me parezca algo complejo, no puedo dejar de preguntarme ¿por qué nadie me lo ha enseñado antes?.
Aprender
Empiezo a trabajar de camarera, me piden una botella de vino y la sirvo en la mesa con sus correspondientes vasos, entonces me miran esperando algo, entonces presupongo que les debo de abrir la botella, ¿pero cómo?, voy a buscar a mi compañera, coge el objeto negro con ornamentos grises, me adelanta y con unos hábiles movimientos abre la botella, con dos dedos saca la cuchilla, rasga el cuello de botella, quita parte del plástico que lo recubre, clava la espiral metálica y saca el corcho del interior de la botella, inmediatamente procede a servir un poco para que la persona que lo ha pedido lo pruebe y de su veredicto.
Observarla me hace darme cuenta de algo que hasta en el momento no he pensado: ella no está pensando en cada uno de los pasos que está realizando.
Para mi el objeto es nuevo, me asombra la cantidad de cosas que puedes lograr a hacer con este objeto, pues cómo más días pasan, más cosas descubro que puedo hacer con él, a parte de abrir las botellas de vino que lleven un corcho en su interior, se pueden abrir botellas de cerveza con chapa, que esto ha formado parte de mi es mi herramienta de uso diario en el trabajo en el que ejerzo, si no, que también me ayuda a abrir puertas, que con la mano me son muy duras de abrir, como destornillador o cortar embalajes de plástico. Por tanto, aunque se trata de un simple objeto diseñado para una única función, puede relacionarse con diferentes prácticas que desarrolla la persona con este, pues al observar este objeto con extrañamiento, aquello que para muchos se ha convertido en algo cotidiano empieza a resultar algo diferente, pues un abridor diseñado para abrir el vino puede convertirse en un objeto diseñado para abrir botellas con chapa, como destornillador, cortar embalajes, cables, cuerda, desenredar nudos fuertes e incluso de defensa personal.


Los sentidos y el cuerpo
También he descubierto que de forma general, la visa tiene un papel importante, pues para utilizar el objeto, sobretodo en el principio del proceso, en la parte de cuando tienes que cortar y clavar la espiral en el centro del corcho. Durante la extracción también interviene el tacto, sobretodo para controlar la presión y no romper el tapón. Por lo tanto, la vista es fundamental para ejecutar la acción, aunque va coordinada con el tacto, pues al observar el proceso con detenimiento, una acción que normalmente realizo de manera automática se compone de una secuencia de diferentes movimientos, un movimiento detrás del otro. Es extraño como una persona que sabe manejar el abridor apenas debe de pensar o apenas mirar lo que está haciendo, siendo una secuencia de movimientos a ritmo y sin que se extrañe el porqué corta o introduce una espiral dentro de la botella.
¿Por qué lo hacemos así? ¿no sería más fácil poner un tapón de rosca o cortar el cuello de la botella?
La pregunta puede resultar absurda porque culturalmente sabemos que las botellas pueden cerrarse de esta manera y que existen de
terminados rituales asociados a ellas. Precisamente por eso resulta interesante formular la pregunta.
Afectos
El abridor también genera diferentes aspectos afectivos, puesto que no solo se considera una herramienta funcional, si no, que también se vincula a recuerdos y sentimientos. Otto y Smith señalan que “Usar, y enfatizan aspectos sociales y emergentes de creatividad en el diseño” – Otto y Smith (Antropología del diseño, página 42) – El abridor es un claro ejemplo de diseño con aspectos sociales, que gracias a este empatizas con las personas que te rodean, siendo un proceso cultural generando experiencias.
En el ámbito doméstico, simple echo de abrir una botella puede estar relacionado a una ocasión especial, ya sea un cumpleaños, una reunión con amigos, logros personales… entonces forma parte de una experiencia social y emocional. Puede ser un regalo, un objeto regalado o simplemente que lleve muchos años en el cajón de la cocina. Desde una perspectiva funcional, se podría substituir por otro exactamente igual, sin embargo, si este está asociado a una persona o a unos recuerdos el echo de substituirlo ya no resulta tan sencillo.
Del restaurante a la mesa
Si analizo el sacacorchos solo como una herramienta, pienso que su función termina cuando el corcho sale de la botella, sin embargo, su función no queda aquí. El objeto está relacionado entre las personas, en un restaurante, por ejemplo, la persona que sirve el vino utiliza el sacacorchos mientras los clientes le observan, culturalmente, la apertura del vino nunca sucede en privado así formando una experiencia para el cliente.
Existe una dependencia, sin el sacacorchos no se puede abrir la tradicional botella de vino, y con el objeto pero sin conocimientos previos, el objeto pierde parte de su funcionalidad. Por lo tanto, existe una relación entre objeto, cuerpo y conocimiento.
De este modo, una herramienta que aparentemente se ve individualista se engloba a toda una estructura cultural y social. Sin cambiar el objeto conecta diferentes momentos con diferentes significados. Un camarero puede utilizarlo decenas de veces sin prestarle importancia, una persona puede utilizarlo en una noche durante una cena de cumpleaños y asociarlo siempre para ese momento, en una comida de negocios puede formar parte de una situación formal o simplemente en una cena familiar simplemente es un objeto que se saca del cajón. Por lo tanto, no es únicamente el diseño del objeto que determina su función, si no que también lo hacen las personas, el espacio y las prácticas culturares en que se introduce.
Estructura social
Si observo el sacacorchos desde esta perspectiva, deja de parecer un objeto individual, pues está conectado con otras personas, con determinados espacios y las diferentes prácticas culturales.
En hostelería forma parte del trabajo y del servicio, en casa forma parte de la vida cotidiana, en una celebración participa como un ritual, en una cena con amigos participa como colaboración, comida de negocios como formalidad…
Esto demuestra que no es únicamente el diseño del objeto lo que determina su función, si no también las personas, el espacio y las prácticas culturales en las que se introduce.
La antropología del diseño que plantean Otto y Smith, resulta útil precisamente para observar estas relaciones entre diseño, práctica y conocimiento. Desde esta perspectiva, el objeto no puede comprender por separado a las personas que lo utilizan y de las situaciones que lo componen.
Al final, el sacacorchos no solamente abre una botella, abre una situación social.
Bibliografía
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Otto, T., Smithm, R. C., Kjærsgaard, M. G. (s.f.). Entre hacer y conocer. Pure.au.dk. https://pure.au.dk/ws/portalfiles/portal/231236793/Entre_hacer_y_conocer._Seis_textos_sobre_antropologi_a_del_disen_o_y_antropologi_a_visual_de_Ton_Otto._Mercedes_Marto_nez_ed_.pdf
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Trejo, E. (2026, marzo 31). El simbolismo del vino en las tradiciones del mundo. WineConcept. https://www.wineconcept.com.mx/blogs/news/%F0%9F%8D%B7-el-simbolismo-del-vino-en-las-tradiciones-del-mundo?srsltid=AU7gw4UNnOhJb2gHSzsizS6xhAat4LYnL_RrUQJicBMJDMkX_3byE1pS
Imágenes de atoría propia.
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